Cero traumas para aprender mejor

Es frustrante que mi entrada se haya borrado toda, pero la volveré a escribir, tal vez con menos pasión.

Tanto como docente y estudiante, debo decir que el sistema educativo no favorece a nadie. Ni a los alumnos de rápido aprendizaje, ni a los de lento aprendizaje.

Me ha pasado que al estar en un grupo, hay alumnos que aprenden rápido y bien, otros que aprenden rápido pero no bien, otros que aprenden lento pero bien, y otros que ni rápido ni bien. Y debes irte más despacio con los contenidos para que los alumnos que aprenden más lento, puedan captar todas las ideas, pero lo malo es que los alumnos que aprenden rápidamente se aburren, o no alcanzar a ver todos los contenidos.

Y visceversa, si te vas muy rápido, los alumnos buenos aprenden pero los más lentos no.

Ahora, muchos condenan esa palabra de “lento aprendizaje”, porque suele ser asociada a ser “burro”, “ignorante”, y un largo etcétera de adjetivos de connotación negativa.

Y cuando el profesor le dice a los padres que le niño “aprende lento”, los padres juzgan diciendo: “pero si mi niño es bien listo”, cuando en realidad no es listo.

Aprenderíamos mejor, si nos dividieran no por edades, si no por la rapidez y calidad en la que aprendemos las cosas. Así tendríamos maestros especiales para nuestro ritmo de aprendizaje, y de esa forma aprenderíamos más y mejor, y las personas que aprenden lento se regularizarían.

Si analizáramos a los jóvenes que traen medallas de oro de las olimpiadas de matemáticas, física, robótica, etc… desde el extranjero, veríamos que en su mayoría, los padres y los mismos docentes ven la facilidad de aprendizaje de dicho alumno, y los SEPARAN del grupo, para enseñarles temas extras, contenidos que no sueles ver con todo un grupo (ya sea porque no lo entienden, o por que no les interesa).

Esta entrada fue inspirada en un suceso que me ocurrió ayer dando clases. Estoy viendo los temas de como graficar una ecuación lineal, y ya les eché todo el choro del proceso que se debe seguir. Tengo un alumno que es muy inteligente, y mientras ellos hacen ejercicios yo me pongo a practicar ejercicios de diferentes libros. Ayer éste alumno se acerca a que le califique su actividad, y me pregunta lo qué estaba haciendo. Le respondí que estaba repasando “derivadas”.

El quiere ser ingeniero químico y me pidió si le enseñaba un poco del tema en lo que sus compañeros terminaban y le expliqué como resolver algunas.

Entonces una de las chicas se acerca y dice que eso no es justo, porque a él le estaba enseñando más.

Yo le respondí que no era injusto porque el tuvo el interés de preguntarme y yo accedí a ayudarle, y ella tiene dificultades con “suma de negativos”

…. Obviamente si no puede dominar un tema tan sencillo, menos el de derivadas e integrales (que es algo un poquito más complejo), aparte de que ella solo quería buscar bronca, porque en realidad no tiene interés en esos temas.

En la licenciatura, habíamos alumnos que teníamos deficiencias en alguna rama, y los doctores nos recomendaban bibliografía muy avanzada, de la que no entendíamos ni una palabra, pero queríamos resolver a fuerzas todo. En lugar de ser humildes y tomar libros más básicos para poder seguir con el recomendado. La culpa no la tenía el doctor, sino uno por su falta de humildad

Si dejáramos cada uno de nosotros de dejarnos de “traumas”, y no nos ofendiéramos al decirnos que aprendemos rápido, aceptaríamos nuestras deficiencias en el aprendizaje, cubrir esos baches en el conocimiento para tener buenos cimientos para construir más conocimiento.

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1 Comment

  1. Ese ultimo párrafo que escribiste esta chido. Se supone que uno debe de dedicar como mínimo tres horas de estudio extra a cada materia para que la compresión de las ideas expuestas en clase sea mejor aprovechada … ya sé que algunos alumnos trabajan o tienen problemas domésticos… bla bla bla y no lo podrían hacer, pero entonces ¿para que ir a la escuela?, ¿no sería mejor trabajar o resolver las broncas y después estudiar para hacerlo bien?. Aveces se nos olvida que buena o mala la educación en México es “cuasigratuita”, pues en otros países, por ejemplo en Chile hay que endeudarse (hasta por el valor de una casa) para seguir estudiando y aquí con el afán de “avanzar” no es bien aprovechado ese derecho.

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