Lo que callan los veterinarios – Parte I – [Las gotas que quisieron apagar al Sol]

– ¿Y por qué quieres cruzar a Lenteja? preguntó el veterinario al par de jóvenes que
llevaron a consulta a su pitbull. La experiencia le decía que era inútil preguntar para
escuchar una respuesta que sabía que era mentira.

– Hemos escuchado que eso les previene el cáncer y así son más saludables.
El veterinario previó la respuesta de los jóvenes, que no solo era desinformada, sino
que era probablemente una mentira. A lo largo de su trayectoria de 25 años, había
sido testigo de la cría irregular de estas razas, o incluso la cruza para la crianza y
posteriores negocios clandestinos como las peleas de perros. Aun pensando en el
mejor escenario para estas razas, y que las personas estén interesadas en tener un
compañero canino, no están enteradas de las verdaderas necesidades de los
animales que quieren tener. Al veterinario se le hacía increíble, pero no imposible,
que a pesar de sus esfuerzos (inútiles, por cierto), de informar a los dueños de sus
pacientes acerca de todos los cuidados que se deben tener hacia sus animales, y
aún así no entendieran lo que implica tener un ser vivo bajo su responsabilidad.

– Yo recomiendo que esterilicen a Lenteja, porque así no tendrían que lidiar con
crías no deseadas, será más perro de casa porque no querrá buscar una hembra
para preñarla, tendrá mejor comportamiento y evita que haya perros callejeros por
el descuido de los dueños de las crías.

– Pero queremos que tenga crías, creo que será más sano a la larga – replicó uno
de los jóvenes.

No entendían razones, así que el veterinario solo les hizo la invitación a que, si se
decidían esterilizar a Lenteja, las puertas de la veterinaria estaban abiertas,
dándoles un presupuesto y anteriormente las razones de porqué debían hacerlo.


Los jóvenes solo tomaron a Lenteja de la plancha de consulta y se fueron dando las
gracias por el tiempo y la información.


Era el pan de cada día. Llegaban a consulta personas que, entre la delgada línea
del desconocimiento y la negligencia buscaban ayuda profesional. Revisaba a la
mascota para dar un diagnóstico y seguir el protocolo de explicar por qué ocurren
las enfermedades y padecimientos, las instrucciones que deben seguir, y en todo
caso, los medicamentos o procedimientos específicos que llevarían a la mascota a
su mejoría y recuperación. Pero no. Desde personas que no esterilizan a sus
mascotas, como el caso que atendió esa mañana, porque eso es maltrato animal y
no les podemos quitar el derecho de ser “padres”, hasta otros que tenían razas San
Bernardo en un espacio de 2 x 2 metros durante todo el día. El veterinario recordó
que en sus tiempos de práctica llegó a atender casos en los que las personas
medican a sus mascotas con antibióticos “para humanos” y en cantidades
exageradas. Otros locos, como él les llama, daban una dieta base llena de jamón,
salchichas y otros embutidos. Una señora daba como premio a su perro ¡dos
plátanos completos!, incluso esa dosis es generosa para un ser humano de 60
kilogramos.


El mundo está hecho de buenas intenciones, pero no de mucha pericia e intuición
por parte de los humanos, se repetía a sí mismo.

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