El dueño del monte [Las gotas que quisieron apagar al Sol]

Minicuento dedicado a la memoria de todos aquellos que dieron su vida defendiendo a la naturaleza

“La naturaleza es un manto multicolor que nos protege del hambre, del frío, del calor y de las adversidades de ella misma” Escribía Aksanján en una hoja de papel, mientras recibía un ataque a mansalva. Cinco tiros certeros en la cabeza, nunca pudo saber quién o quienes apuntaron con una pistola directo al cráneo, la única realidad es que iban por él. La sangre ya no dejaba distinguir las letras escritas en tinta negra. Irónicamente Aksanján no era ni dueño del monte, ni de sus habitantes y no pretendió serlo jamás, porque él amaba la libertad, la tierra que lo vio nacer, el río que traía fertilidad a las tierras. Pero la tierra fértil, el agua y la libertad misma, en ese lugar tenían un amo. Ni las batallas, ni las llamadas de auxilio, hicieron posible que ese paraje tuviera un nombre. No podemos nombrar a un territorio y a las causas que no existen a los ojos y a los oídos de quien está leyendo esto.

Asimismo la historia de Aksanján termina justo como empezó. A pesar de las crónicas, testigos y vestigios, no sabemos quién fue Aksanján, qué hizo, ni cómo murió defendiendo lo que más quería.

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