¿Tolerancia o innovación?

Me vuelvo a sentir prisionera. Pareciera que no importa a dónde vaya, o más bien, a dónde escape, la historia se repite una y otra vez.

Pareciera que la tolerancia no es una de mis mayores virtudes, pero estamos los jóvenes entee un grupo de viejos que adoran ser viejos, y tener sus ideas de viejos.

Por eso la historia es cíclica, y los jóvenes progresistas que somos hoy, seremos los viejos chochos obsoletos del día de mañana.

Pero por mientras… ¡A quejarnos se ha dicho!

P.D. Que viva el home office… VIVAAAA!

Escrito en memoria de aquéllos que se renunciaron el otro día. Nunca leerán esto, pero al menos yo sé mi cuento

Los momentos más felices

Justo quería dejar un recordatorio acerca de los momentos más felices y de los que he sentido añoranza últimamente.

Cuando no tenía nada, pero aún así me venía caminando debajo de la lluvia atravesando la plaza tapatía.

O cuando iba al Instituto Cabañas a tocar la batería, llegando con en bicicleta y regresando a mi casa en ella.

Tampoco puedo olvidar las grandes caminatas por Obregón para ir del trabajo a la casa.

Los momentos más felices para mi, son aquellos donde estoy con mi persona favorita: conmigo misma y mis dos piernas que me llevan a todos lados.

Posdata: Debo caminar más.

¿Todos deberíamos opinar?

Parece incongruente mencionar en un espacio de libre expresión como un blog personal, que toda la gente no debería opinar. Y esto es falso, ya que la libertad de expresión existe como un derecho universal.

La opinión ayuda a tener un criterio propio basado en nuestras experiencias e información.

Desde pequeños se nos fomenta a hablar y no escuchar, y todo lo queremos calificar desde nuestra perspectiva y vivencias, en ocasiones, sin tener en cuenta las experiencias ajenas y sin entender el panorama del contexto de otros.

Todos podemos opinar de todo lo que queramos, pero en las últimas décadas las redes sociales y foros de discusión parecen ya no tener límites en el respeto y otros valores. Pareciera que el estar detrás de una pantalla, sobrepasa el querer accionar un debate enriquecedor para fomentar el aprendizaje, a solo querer tener la razón y ser aprobados por nuestro pensar, dando la ilusión de cambiar al mundo con el “gran aporte intelectual” que le hemos otorgado a la humanidad.

Para las personas que generamos algún tipo de contenido en la internet sin importar la finalidad, somos vulnerables al escarnio público y debemos estar conscientes de que cualquier comentario, foto, entrada, etc… puede ser criticable y no debemos esperar que todas las personas estén de acuerdo con nuestro punto de vista, porque aquí se detiene el progreso y el aprendizaje, no obstante, es importante discernir si el dar nuestra opinión realmente hará un cambio, o si solo queremos ser aceptados y crear controversia con lo que decimos.

Aunque tengamos la posibilidad de someternos al escarnio, no significa que dentro de la norma social sea correcto atacar a los opinantes demeritando sus acciones.

En todo caso, la opinión pública debemos tratar que sea informada, y de preferencia objetiva, con la finalidad de evitar la desinformación que se mueve casi a la velocidad de la luz en los diversos medios de información a los que tenemos acceso.

Hay colectivos basados en hechos, que a través de las redes pueden hacer masivo el conocimiento de un movimiento en favor de los derechos humanos, aunque en la práctica el verdadero cambio se logra a través de las acciones y luchas, y aunque el internet sirve como un medio par unirnos, en realidad, la práctica es la que va a cambiar nuestra situación en el mundo.

Antes de que opinemos, podemos ser críticos con nosotros mismos y preguntarnos ¿qué hemos hecho para cambiar la situación de la que nos quejamos? ¿Mi opinión fomentará el diálogo y el aprendizaje, o solo es un ataque para salirme con la mía?

El silencio no permite el cambio, sin embargo, la sobreinformación a la que estamos expuestos, también puede provocar un efecto Photo by Anete Lusina on Pexels.com

Dormir vs comer

Se dice que una persona puede soportar el hambre más días de lo que puede soportar sin dormir.

Prefiero dormir que comer. Hay veces que llego muy cansada del trabajo y prefiero comer algo ligero y entregarme a los brazos de Morfeo.

Y algo que pensó Roberto ayer… dormir si es gratis. El conseguir la comida no siempre. Éste capitalismo loco nos destruirá a todos.

Es hermoso dormir.

La falta de autenticidad

Al igual que en la entrada anterior, una de las cosas que pensé, analicé y comprobé a lo largo de éstas semanas, es la falta de autenticidad que existen en las personas de mi círculo.

Veo que pocos son aquéllos que se atreven a salir del pensamiento de la burbuja, o de ese sesgo cognitivo de arrastre (en el que la opinión de los demás nos arrastra a pensar lo mismo, a pesar de que pensamos distinto).

Hacen lo que el amigo les aconseja que hagan, mienten en haber visto algo que no han visto (una película, por ejemplo), se apresuran por tener o por hacer los planes de los demás aunque no lo tenían ni siquiera planeado con tal de ser “los mejores” (dizque), o haciendo comparaciones de quién es más alto, más fuerte, más esto o lo otro. ¿No es desgastante acaso? Yo no podría vivir complaciendo los pensamientos y gustos ajenos, ni rechazar mi esencia o como soy, por el hecho de “encajar” y de ser “aceptada”

Pero lo que más me aterra de esa idea, es que es notorio el desgasta en esas personas. Y me desgasta (desgastaba) a mi, el tener que escuchar sus aspiraciones forzadas, fingiendo una sonrisa para no desanimarlos en una meta… forzada.

Si te consideras una persona que piensa fuera del molde, que no te preocupa quedar bien, que no copia los estilos o vivencias ajenas por una competencia insana, escribe un comentario, porque necesito salir de ese círculo que me rodea y conocerte mejor. Necesito personas así en mi vida con urgencia.

Vaciando la carreta

En los últimos meses he estado en un camino de maduración y autodescubrimiento inreíble. He caído en cuenta de cosas que ya sabía, pero que me he terminado de convencer de que así son y serán; cosas inmutables en el tiempo.

Una de las cosas que me han cansado bastante es tener que jalar a las personas a que hagan o digan, aunque no soy del tipo de gente que busca consejo o apoyo, me gustaría ya no “jalar las carretas” ajenas, y ser jalada por alguien más por una vez en la vida, y que todos se preocupen por sus asuntos, resolviéndolos como adultos que son.

Creo que han llegado en el momento preciso, me siento como el capullo de la oruga que se va a convertir en mariposa. Después de todo ya tengo 29 años. Espero llegar a mis 30 como una persona más madura, más inteligente, más preparada para la vida.

Volteo a la forma en la que era hace un año, o hace dos, y me da gusto saber que ya no sigo siendo la misma, sino una versión mejorada que ya (ahora sí), le vale cero lo que hacen los demás, que la única competencia que tengo es conmigo misma, con mis deseos y metas. Curiosamente, ahora más que nunca disfruto más de la vida, de mis seres queridos, he aprendido lo que es el verdadero crecimiento personal y profesional, y soy más dedicada a mis pasiones.

Tengo que trabajar en la mejora, haciendo aún más introspección, poniendo en práctica lo que los “viejos” me han recomendado (porque hasta eso, jamás hago caso de consejos de gente de mi edad, es como un ciego guiando a otro ciego), encontrar sujetos de inspiración, entre otras cosas.

Pero no voy mal…

¿Cuál es la edad límite para aprender?

Todo el tiempo se pregunta sobre cuál es la edad límite para aprender a gimnasia, a nadar, estudiar una licenciatura, etc… Y hay límites. Cuando tu no sabes leer palabras simples a los seis años ya estás atrasado con respecto de tus compañeros. Se dice que no hay una edad límite para aprender a hacer cosas nuevas o saber nueva información.

Hay casos de personas que se gradúan de alguna carrera a los 80 años o más. Otros que empiezan en alguna disciplina deportiva cuándo ya están en la tercera edad y así muchas historias similares.

Aunque también me invade el sentimiento de que cuando uno aprende y no enseña nada, es como si fuera aprendizaje vacío y cero significativo.

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Bajo la premisa de que aprendemos todos los días y que uno nunca deja de aprender algo nuevo todos los días, y que ese conocimiento puede venir de donde menos te lo esperas, para poder enseñar tienes que aprender para estar actualizado.

Quise escribir esto porque pienso que todavía estoy en un proceso de aprendizaje en el que puedo enseñar algunas cosas, pero algunas otras donde me piden consejo en ocasiones, estoy verde, y aún no poseo una verdad más cercano a lo absoluto. Y que es peligroso a mi parecer, que esas personas que buscan consejo recurren a uno, sea lo más cercano a la verdad que puedan obtener. Mejor la terapia la verdad, pero no siempre lo ven de esa forma.

Sigo aprendiendo, y creo que me quedan muchos años de aprendizaje todavía, pero quiero que llegue ese momento donde tenga que enseñar más de lo que aprendo, y que ese momento llegue en el tiempo preciso, sin prisas ni nada.

La que nunca se entristece…

Habemos personas que no podemos estar tristes porque se cae el mundo de los otros, como si el nuestro siempre fuera un paraíso lleno de palmeras, música cumbia y vacaciones eternas en el Caribe.

Habemos personas que no podemos pedir soledad porque eso eso está mal, porque “necesitamos ser escuchados”, “necesitamos estar acompañados”, para no caer en la depresión.

Habemos personas que no podemos sentir tristeza o melancolía porque eso es algo que “no encaja con nosotros”, porque siempre debemos estar sonriendo, contando chistes y emanando positividad.

Habemos personas que no podemos descansar un momento porque solemos estar llenos de energía, ir de arriba para abajo, ir en bicicleta por toda la ciudad sin sentir el cansancio, que podemos tener siete trabajos y socializar porque nunca se nos termina la pila, está en nuestra naturaleza ser así.

Habemos personas que no podemos ir a terapia porque no somos ese tipo de personas que necesita ayuda profesional, ya que mostramos conductas totalmente centradas, serenas y lógicas, porque los psicolocos son solo para problemáticos insatisfechos.

Habemos personas que no podemos dar un respiro porque el mundo ajeno se desmorona en pedazos, mientras que el nuestro también lo hace, aunque la fachada disimule las piezas caídas.

Allí está la que nunca se entristece, la que nunca descansa, la que no necesita de nadie ni de nada, la que no necesita del aire para respirar… porque a veces lo único que necesita es el cobijo de la soledad para pensar y encontrarse con ella misma. Así como ella, hay muchos otros allá afuera de tu mundo egoísta.

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Sobre ese sentimiento….
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