La que nunca se entristece…

Habemos personas que no podemos estar tristes porque se cae el mundo de los otros, como si el nuestro siempre fuera un paraíso lleno de palmeras, música cumbia y vacaciones eternas en el Caribe.

Habemos personas que no podemos pedir soledad porque eso eso está mal, porque “necesitamos ser escuchados”, “necesitamos estar acompañados”, para no caer en la depresión.

Habemos personas que no podemos sentir tristeza o melancolía porque eso es algo que “no encaja con nosotros”, porque siempre debemos estar sonriendo, contando chistes y emanando positividad.

Habemos personas que no podemos descansar un momento porque solemos estar llenos de energía, ir de arriba para abajo, ir en bicicleta por toda la ciudad sin sentir el cansancio, que podemos tener siete trabajos y socializar porque nunca se nos termina la pila, está en nuestra naturaleza ser así.

Habemos personas que no podemos ir a terapia porque no somos ese tipo de personas que necesita ayuda profesional, ya que mostramos conductas totalmente centradas, serenas y lógicas, porque los psicolocos son solo para problemáticos insatisfechos.

Habemos personas que no podemos dar un respiro porque el mundo ajeno se desmorona en pedazos, mientras que el nuestro también lo hace, aunque la fachada disimule las piezas caídas.

Allí está la que nunca se entristece, la que nunca descansa, la que no necesita de nadie ni de nada, la que no necesita del aire para respirar… porque a veces lo único que necesita es el cobijo de la soledad para pensar y encontrarse con ella misma. Así como ella, hay muchos otros allá afuera de tu mundo egoísta.

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Sobre ese sentimiento….

El ciclista (Poesía sustentable)

Ésta octava real va dedicada a todos aquéllos que prefieren usar su bicicleta (o la pública) antes de utilizar su carro. Ya sea por salud, o por el cuidado del medio ambiente. A cada uno de ustedes los llevo en mi corazón.

 

El raudo apasionado ecologista,

con casco, rodilleras, bicicleta,

siempre con el ambiente pacifista,

que está esquivando una y otra camioneta,

el responsable velocipedista,

del uso del auto es analfabeta,

ya que no contamina la ciudad,

y no le teme a la inactividad.

Aires grises (Poesía sustentable)

Atenuada mi pureza,

por hilos grises flotantes,

que envenenan la belleza,

de las ventiscas galantes.

 

Era homólogo de vida,

congénere de existencia,

de ceniza soy teñida,

una triste transparencia.

 

Me oscurezco entre los coches,

entre incendios y fogatas,

entre el humo de las noches,

entre corrientes mediatas.

 

Soy la brisa corrompida,

por las acciones humanas,

que huye despavorida,

de las labores tiranas.

Cambio [Poesía sustentable]

Me inclino a caminar por las calles,

y no contaminar con camiones y carros,

canto con los ecos de mis zuecos,

contentos de vincularse al cambio.

 

Cuento crónicas a los críos,

de como ocuparse del cuidado de la localidad,

de la custodia comprometida de los boscajes,

y la eficacia de considerar el reciclaje.

 

Recorro capitales buscando causas,

que enriquezcan colosalmente el ambiente,

que nunca falte calidad al agua,

cuidando cada recurso natural.

 

Codicio que nuestra cultura contenga,

consciencia y cariño a la naturaleza,

que decoremos los balcones con matas,

considerar activarnos sin disponer del carro.

 

Canto canciones para consolar ciudadanos,

cansados de la contaminación de sus contextos,

para accionar en su corazón la perspicacia,

y el capricho de preocuparse por nuestro hábitat.

 

Me inclino a caminar por las calles,

y no contaminar con camiones y carros,

evoco la meticulosidad de nuestros padres,

que escaquean de las riquezas y el despilfarro.

[Poesía sustentable] Decreto oficial

Decreto oficial

La mujer que tiraba su basura en las calles,

furibunda expresaba que paga sus impuestos,

centrándose en el narcicismo de sus razones,

dejando a su egolatría y a su apatía expuestos.

Pregúntale ¿A dónde va la basura tirada?

¿Cuántos kilos quedan en las desembocaduras?

¿Cuánto aceite se vierte en el alcantarillado?

contaminando los cauces de los ríos diáfanos.

Las bocas de tormenta son tapadas con autos

imposibilitando el derrame de las lluvias,

las alcantarillas obstruidas por la inconsciencia,

por falta de visión, amor y discernimiento.

Tirar la basura en la calle es odiar al prójimo,

inundar la casa del pobre cuando hay tormenta,

envenenar a las congitas con desperdicios,

reprobando la coalición con el hábitat.

No existe impuesto, tributo, o gravamen alguno,

que permita tal insolencia hacia nuestro entorno,

así el respeto por los demás y por nosotros,

comienza tirando la basura en su lugar.

El dueño del mundo [Poema sustentable]

El síndrome de la pieza faltante es una mosca rondando nuestra cabeza,

Adjudicándonos de lo que creemos nos pertenece,

nos convertimos en dueños de lo que no lo tiene.

Conseguimos y volvemos a obtener exponencialmente más de lo que teníamos,

viajamos en un bucle donde no distinguimos la necesidad del deseo.

Somos capaces de separar al ternero de la teta de su madre,

privando a algunos otros animales de su reposo,

para saturar los estómagos de aquéllos insaciables que comieron cinco veces o más en un solo día,

vulneramos los fértiles suelos, yermando la vida que pudieran albergar,

desvaneciendo con malicia a todo lo que no sea el humano,

olvidando que no somos dueños de la vida, ni de la naturaleza,

y no es nuestra ley la que impera sobre el equilibrio y bienestar ajeno,

más allá de las clases, del orden, el género y la especie,

el cambio será la realidad cuando comprendamos el respeto y apartemos el egocentrismo.

Regreso al orbe (Poesía libre)

El 23 es el Día Internacional del Libro, y estoy poniéndome un reto personal del que luego platicaré por este medio. Mientras tanto les dejo un poema que escribí. Hace poco leí que la razón por la que el humano escribe poesía es para inmortalizar momentos o pensamientos, llenarlos de la belleza que las simples palabras no pueden describir.

 

Regreso al orbe

Somos parte de un todo desconocido,

formados por los mismos elementos,

condenados hacia el mismo destino.

 

Nenes forajidos tomando leche de la Vía Láctea,

montados en una carriola azuloide,

hipnotizados por la estrella que arde,

que nos calienta como el pecho de una madre.

 

La vida proveniente del temprano universo,

de la que poco o nada sabemos,

reclama sus átomos de regreso,

al gélido cosmos vacío.

 

En un suspiro vamos de regreso,

al camino de donde nos salimos,

donde nuestros huesos serán polvo,

y nos convertiremos en infinito

Sueño de una noche de invierno

Es un sueño que tuve en una noche de invierno,

de hace muchos años, hace mucho tiempo,

Y desde ese entonces que no lo siento y no lo veo,

solo, se presentó aleatoriamente en mi coma nocturno,

mientras tocaba las margaritas marchitas del campo.

No lo había visto, pero salía de entre los altiernos,

no tenía idea de lo mucho que lo anhelaba,

que lo esperaba, con ese abrazo que traía para mi.

Solo llegó, se queda conmigo, para irse de nuevo,

y volver a estar en una espera de tiempo eterno.

 

(Debo ilustración de esta entrada)

El columpio nocturno

Me balanceaba en un columpio, y era de noche. No recuerdo nada, solo veía el cielo estrellado subir y bajar, y mi mirada hacia el cielo.

Sentía el roce de mi toalla femenina con los genitales, y me estimulaba el movimiento.

Solo escuché su voz diciendo:

– Nena, me encantan las caras que haces, se nota que la estás pasando bastante bien –

Y entonces el columpio seguía subiendo y bajando, y me seguía estimulando.

Hasta que el sueño terminó en un vívido orgasmo.

 

Resultado de imagen para columpio noche

Te lo advertí

Y no me hiciste caso, y allí estás otra vez llorando.

Pero no digas que no te lo dije.

Esperar algo de ti, es lo más imprudente de mi parte,

Creando falsas esperanzas, falsas ilusiones,

Esperando un cambio de la noche a la mañana.

Anhelando un algo que no sucederá,

Ni aquí, ni ahora, ni nunca, jamás.

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