El juicio [Las gotas que quisieron apagar al Sol]

¡Hola! Este cuento que he escrito, viene muy ah doc a las fechas que estamos viviendo. Si hay algo que tenemos los mexicanos es la herencia de la cosmovisión de nuestros antepasados. La inspiración para éste cuento fue Pipo. El papá de Pipo (Pietro) es cruza de xoloitzcuintle, así que Pipo en consecuencia tiene algo de xolo en su sangre. Espero les guste EL JUICIO

Muchos pensarán que el castigo divino llega demasiado tarde para quienes atentaron contra la naturaleza mientras vivían, que ya no tiene caso esperar a ser castigado si no sabemos lo que viene después de la muerte, que no nos consta que existe un Dios, sin embargo; la cosmovisión de nuestros antepasados nos reconforta cuando pensamos que los afectados serán aquéllos que emitirán el juicio
final imparcial hacia los agresores. Puede ser un mensaje bastante agresivo, pero la cosmovisión misma, es un reflejo de la profunda admiración y gratitud de los antecesores a la naturaleza. Eran agradecidos con el sol, con la lluvia, con la vida y con la muerte, porque comprendían que todo era parte de un ciclo. Tarde o temprano, creyentes o no, monoteístas o politeístas, se paga lo que se hace.
Si eres religioso eres consciente que se te juzgará divinamente el día del óbito y si mueres con pecados cometidos, no estarás feliz en el lecho del final de tus días. Si no eres creyente, tienes plena consciencia de que el juicio comienza en vida. Independientemente de las creencias, el juicio llegará en el momento justo. Bienvenidos al inframundo. El creado por Xipetótec, Quetzalcóatl, Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, he llegado a donde pertenezco.

Imagen de alchile.com.mx

Ya no veré a mi dueño humano, me lleno de eterna felicidad de haber encontrado a alguien bueno que me diera de comer, me sacara a pasear, jugara conmigo, me educara para que nuestra convivencia fuera óptima. No por nada a nosotros los perros nos llaman “los mejores amigos del hombre”.

A diferencia de otros perros, los xoloitzcuintles tenemos un mandato divino que cumplir, uno que comienza desde la cosmovisión de nuestros antepasados. Mi duración en el Tlaltípac terminó, no porque yo quisiera, solo el tiempo se adelantó para mí por la excesiva curiosidad que me dominó al comer un hueso de pollo que me encontré en el parque mientras paseaba con mi dueño. Yo tenía una alergia a los componentes del pollo, no recuerdo bien el nombre exacto que la veterinaria dijo en ese entonces, pero no podía consumir nada que pudiese contener proteínas presentes en esos animales y derivados. Cuando mi dueño se dio cuenta de que había comido el hueso fue demasiado tarde. Aunque sufrí un tanto del lapso en que comí el huesito hasta el momento de llegar al Mictlán, me da gusto saber que hice
lo que pude, con todo y mis limitantes para hacer feliz a un individuo que me demostró su cariño con creces.
Ahora son otros tiempos en el Mictlán. Los sucesos se mueven de manera fluida, no hay instrucciones de a dónde tengo que ir, o lo que debo realizar, desde mi cabeza salen las respuestas que busco.

Mi lugar de hoy hasta la eternidad se encuentra en el primer infierno, donde mora mi señor Xólotl. Veo a lo lejos el río, nunca he estado allí, y a pesar de eso, sé todo sobre él. Me acerco y veo a otros xoloitzcuintles como yo en las orillas y dentro del cuerpo de agua. En el Apanohuacalhuia (el río) se veía a la gente que quería cruzar esa frontera entre los vivos y los muertos, unos logrando descender al segundo infierno para garantizar su eterno descanso, otros quedándose vagando cuales sombras por siempre perpetuando sus mayores temores. Sin ser escuchados y siendo una sombra sin identidad que deambula en ese primer pasaje.

Todos los rostros que pasan no me son conocidos. En el mundo de los vivos, hay humanos que dañan su entorno sin remordimientos, contaminan el aire, el agua, provocan el calentamiento global que tiene desastrosas consecuencias, el exceso de desechos. Mientras vivía creo que nunca me tocó vivir todos esos escenarios, aunque tengo la certeza de su existencia, y sé que fui testigo lejano de cómo la mano humana desprecia a los mejores amigos del hombre. Eso era en el mundo de los vivos; en el mundo de los muertos es diferente, en este lugar, sí tenemos voz y voto, y todo ese daño que nos hicieron será pagado con todas las consecuencias plausibles que la ley divina permita. No me gusta la venganza, pero esto no lo llamo así, solo que finalmente se ponen en una balanza las acciones buenas y malas, y
ganarán las que mayor peso tengan.

Allí veo pasar a alguien que se me hace conocido. No sé de donde, pero estoy convencido de que lo he visto con anterioridad. Esa cara algo juvenil y aspecto tranquilo pareciera que no esconde nada. Otro xoloitzcuintle analiza si ese ser es digno de atravesar el río, y parece ser que él no maltrató en vida a ningún perro, así que le está ayudando a atravesar el río, el joven no tiene pecados graves en contra
de la naturaleza que tenga que pagar.

Mictlan, imagen de matadornetwork.com

El tiempo aquí no transcurre como en el mundo de los vivos. No se puede medir con relojes, a veces corre más rápido, o con más lentitud, es difícil de explicar. Ya pasó un año completo mientras narro todo esto, no sé a qué se debe, es probable que todas las almas que vienen del mundo de los vivos han sido buenas, y han podido atravesar el Apanohuacalhuia, y cuando un alma que hizo daño a un perro entra y el xoloitzcuintle advierte que no es un ser bueno, un segundo transcurre tan lento,como si fuera un año. En realidad, es solo una suposición el cómo pasa el tiempo en el Mictlán, no me atrevería a aseverar que fuera de esa forma, pero parece una coincidencia dados los hechos.
No hay xoloitzcuintles que reciban más almas, es mi turno de participar. Es una mujer que ha fallecido por enfermedad. Para saber si el alma pasa o no por el río para posteriormente ir al segundo infierno, el Tápeme Monamictlán, el deber de nosotros los xoloitzcuintles es determinar si le hicieron o no daño a los perros mientras estaban en el mundo de los vivos. Con solo ver a la persona, aparecen escenas como en un cine en nuestra cabeza, podemos observar detalles generales de su vida, y como fue el trato que dieron a los perros. Por ejemplo, con ésta mujer, puedo ver proyectado directamente en mi mente que tuvo muchos perros a lo largo de su vida, uno tras otro, y veo que los alimentaba y les tenía su cama dentro de la casa; y también fue negligente.

Tuvo unas maravillosas vacaciones en la playa y dejó a varios de los perros durante una semana completa en la cochera de su casa. Vislumbro a los perros sin suficiente agua, sin suficiente alimento porque, a diferencia de los humanos, nosotros no tenemos la noción ni el concepto de racionalizar el alimento porque pensamos que los humanos llegarán de nueva cuenta conforme a nuestra rutina. Pero no siempre sucede así. Esas vacaciones no solo fueron una vez en la vida de sus perros, parecieron repetirse año con año. Así que, año con año, se quedaban sin comer casi una semana completa. Y no solo eso. Algunas tardes dejaba a sus perros en la azotea, justo cuando el sol se encontraba en el cénit en primavera, sin agua suficiente. Está presentándose la historia de un perro llamado Manchas. Manchas falleció también por la negligencia de la mujer. Paseaba sin correa en la calle, cuando un carro lo impactó y la mujer se negó a darle la atención profesional que Manchas merecía en ese momento, y más triste aún, el destino del cadáver de Manchas, no fue el más solemne. Deshecho entre la podredumbre de la basura que los mismos humanos hacen, fue su final. Es el momento de decidir. Por una parte, parece que todo el daño provocado proviene de la ignorancia, y no siempre se hicieron las acciones con dolo o “con ganas” de hacer el mal, sin embargo, se ignoró por completo, en cada momento, las necesidades que tenían los perros. Aunque en el mundo de los vivos, no tenemos el mismo nivel de raciocinio que el de los humanos, seguimos siendo seres vivos que no solo deben satisfacer sus necesidades básicas fisiológicas, también necesitamos de convivencia con los de nuestra manada y mucha atención, porque no somos objetos inertes. El mundo está hecho de buenas intenciones, pero no de mucha pericia e intuición por parte de los humanos, y esto se paga aquí.

Las acciones que la mujer hizo hacia los perros es suficiente para condenarla a vagar en este infierno, sin que tenga derecho al descanso eterno. Me quito de enfrente, y lentamente la mujer se va perdiendo la luz de su rostro, hasta ser la sombra de lo que fue. Olvidó su nombre, quien era, y de dónde viene. Olvidó los recuerdos de su esposo, de su hijo, y solo quedó el recuerdo de sus perros, recuerdos con los que vivirá el resto de la eternidad.

De nueva cuenta no sé si han pasado días o años, pero las almas van y vienen de un lado a otro, unas quedándose y otras moviéndose hacia los otros infiernos. El juicio para aquéllos que hicieron el mal, nunca termina.

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